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El equilibrio a través de la alimentación

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EL HÍGADO ES UN FILTRO QUE SE DEBE LIMPIAR

  Higado1El hígado en medicina tradicional china se relaciona con La Primavera, ya que los desequilibrios de este órgano depurador, se agravan en Primavera. La energía del organismo asciende a partir del equinoccio, es una energía agitadora, de ahí expresiones como: “La Primavera, la sangre altera…” Y en ocasiones la energía del hígado se ve aumentada en exceso, provocando que estemos más irritables o coléricos y nuestra piel se vuelva de un tono más verdoso. Este exceso de energía se puede canalizar ayudando al hígado a que realice determinadas funciones de manera más activa y enérgica.     El uso de determinadas plantas depurativas (con efecto colerético y/o colagogo), un ayuno controlado o una dieta de eliminación (eliminando los alimentos que más trabajo ocasionan al sistema digestivo en general y al hígado en concreto) y técnicas como la reflexología, van a conseguir un efecto desintoxicante o de mejor rendimiento en las funciones hepáticas, como si de una limpieza de filtros de un vehículo, se tratase. De la misma forma que los filtros de un coche deben limpiarse periódicamente, nuestros filtros también necesitan una ayuda de vez en cuando. Es cierto que nuestros filtros y el hígado en concreto, son como hornos pirolíticos que tienen capacidad de “autolimpiarse”, pero hoy en día, los sometemos a demasiados tóxicos a través del aire que respiramos, el agua y la comida que ingerimos. Esa continúa exposición a tóxicos hace recomendable y casi obligatorio si se busca una salud óptima, la práctica de la “depuración”, al menos, una vez al año. Las depuraciones no deben tener como objetivo la pérdida de peso, aunque se produzca, ya que posteriormente se suele recuperar, son técnicas que pretenden mejorar la energía y eficacia de los emuntorios u órganos depurativos. Los resultados que se obtienen van desde un notable aumento de la energía, mejoras de los síntomas alérgicos o una mayor claridad mental y optimismo. Reflexologia Los resultados al combinar la nutriterapia con la reflexología, son mejores que cuando se utilizan por separado y eso lo sabemos muy bien en la Mútua de Terapias Naturales. El ayuno estimula el proceso de autoreparación, las plantas (fitoterapia) ayudan a drenar y limpiar de tóxicos y la reflexología potencia los estímulos que regulan la homeostasis (intercambio de energía entre el interior y exterior del organismo).  

LOS FACTORES PSICOLÓGICOS EN LA ALIMENTACIÓN

A la hora comenzar un plan dietético, además de saber cómo elaborar un menú adecuado, es importante tener en cuenta: - ¿Cuál es tu verdadera motivación? ¿Es una motivación positiva? ¿Por qué haces la dieta? Quizás responderías que para estar más sano o más delgado. Estas serían tus motivaciones conscientes pero ¿tienes en cuenta tus motivaciones inconscientes? Probablemente ni siquiera las conoces pero son las que verdaderamente te mueven. Muchas veces decidimos cambiar nuestros hábitos dietéticos desde una motivación inconsciente negativa por ejemplo porque no me gusto o no me gusta mi cuerpo. Si lo hacemos partiendo de esa motivación nos estaremos agrediendo o entrando en lucha con nosotros mismos y difícilmente lograremos nuestro objetivo. dieta-pensamientos - ¿Cuáles son tus creencias con respecto a la comida? ¿Qué alimentos consideras sabrosos y cuáles malos o sosos? Son conceptos que he creado por influencia de mi entorno social o familiar o por experiencias pasadas. Por ejemplo, en nuestra cultura, un ejemplo de menú infantil que guste a los niños es: carne rebozada con patatas fritas, macarrones con salsa de tomate, etc. ¿Quién dice que eso es bueno y una ensalada mala? En familias donde se consume vegetales como costumbre, en cambio, los niños las comen con agrado. Puede ser también que tengas un mal concepto de lo que supone “ponerse a dieta”. Quizás has tenido malas experiencias anteriores y lo has vivido como un castigo, eso hará mucho más difícil que puedas seguir tu plan dietético con éxito. - ¿Qué apetencias tienes en este momento de tu vida? Prefieres alimentos de un determinado sabor, textura, temperatura, etc. Estas preferencias pueden variar a lo largo de los años o incluso según el momento del día. Te pueden apetecer alimentos más dulces o salados, crujientes, jugosos, de un determinado color… - ¿Qué costumbres alimenticias hay en tu entorno familiar o social? Quizás coméis de pie y cada uno por su lado, o acostumbráis a comerlo todo con pan o los sábados cenáis pizza. Puede también que tus amigos sigan una alimentación muy distinta o suelan quedar para comer fuera. Comer diferente puede hacer que no te sientas integrado en tu grupo. - ¿Escuchas a tu cuerpo? ¿Sabes distinguir cuando tienes hambre, cuando estás saciado, qué te sienta mal…? ESTRES - ¿Gestionas adecuadamente tus emociones? El estrés y las emociones negativas influyen en una mala digestión. En el tracto gastrointestinal se aloja un segundo cerebro, el Sistema Nervioso Entérico, compuesto por neuronas, que además de controlar los procesos digestivos, sintetiza neurotransmisores que influyen en nuestro estado anímico. - ¿Utilizas la comida como una compensación de una emoción negativa? Quizás comes cuando te sientes frustrado, triste, vacío… Muchas veces esta actitud se promueve desde la infancia compensando a los niños si lloran o se enfadan con dulces o golosinas. - Siguiendo tu escala de valores en este momento de tu vida ¿en qué lugar queda el valor que alcanzas con la dieta? Quizás hay otros valores más importantes para ti que entran en conflicto. Por ejemplo si tu prioridad es el trabajo puede que no estés dispuesto a restarle tiempo para comprar, cocinar... - ¿Es posible adaptar la dieta a tu estilo de vida actual? No te compliques tanto que te sea imposible seguir la dieta, sé realista e imaginativo, modifica la dieta para que la puedas seguir. La mayoría de los factores antes citados son inconscientes por ello, aunque creemos que elegimos conscientemente lo que comemos, nuestro cerebro inconsciente es el que escoge. Él éxito de un plan dietético depende de que tengamos en cuenta todos estos factores, además de la decisión racional. Por otro lado hemos de tener en cuenta que funcionamos por hábitos ya que es una forma de no gastar tanta energía. Automatizamos nuestras conductas, pensamientos, actitudes y emociones. Cuando vamos a hacer algo la mayoría de las veces “ponemos el piloto automático” y lo hacemos sin pensar, por eso nos cuesta tanto cambiar. Nuestro cuerpo se resiste al cambio, que le es muy costoso, y es entonces cuando vienen las excusas “Ya lo haré mañana” “Hoy no es un buen día”… Por tanto, para lograr el cambio hemos de ir implementado poco a poco nuevos hábitos más saludables hasta que se vuelvan automáticos y reemplacen a los viejos hábitos.  

Marisol Pérez, Psicóloga y Nutricionista